Todas las culturas de la Antigüedad lo veneraron y hasta le atribuyeron poderes mágicos. Para los chinos, el kien-mou era el centro del universo o el lugar en donde debía ubicarse la capital perfecta. Representaba la renovación o el inicio del mundo. Como eran escasos en Egipto, recibía una adoración divina, de modo que al este del cielo se ubicaba un alto sicomoro. Para los griegos, era fuente de fecundidad y símbolo del centro del mundo, de la vida eterna, de la sabiduría. Por esa razón, el árbol se fue ganando un lugar destacado entre los mejores amigos del hombre. Sin embargo, en algunas sociedades actuales, pareciera no suceder lo mismo y en algunos casos son depredados hasta ser destruidos.

En nuestra edición de ayer, dedicamos un amplio espacio a difundir los primeros resultados de un censo que efectuaron en forma conjunta la Dirección de Espacios Verdes de San Miguel de Tucumán, la Universidad Nacional de Tucumán y la Universidad Tecnológica Nacional durante 2010. La primera parte de este relevamiento se efectuó dentro de las cuatro avenidas, donde se contabilizan entre 10 y 11 árboles por cuadra. Sin embargo, muchas cuadras ni siquiera cuentan con un árbol, mientras que en otras pueden verse más de 20. Por ejemplo, en la calle Chacabuco al 600, hay ejemplares cada dos metros; en Mendoza al 400, al 800, o en Córdoba al 300 no se encuentra ninguno. Según el sondeo, se han registrado 11.000 ejemplares en una cuadrícula comprendida por 260 manzanas; la mayoría, de mediano porte, como el naranjo. Le siguen los lapachos, los tarcos, los plátanos y los fresnos, entre otras especies. En el microcentro es donde más se nota la ausencia de árboles. Según el director municipal de Espacios Verdes, la construcción y la acción de los vecinos tuvieron bastante que ver en la depredación. Para contrarrestar la tendencia de muchas empresas constructoras de sacar árboles, el municipio les exige pasar previamente por la Dirección de Espacios Verdes, para mostrar que los planos de obra se adecuen a la presencia de los ejemplares en la vía pública. Las restricciones llevaron a vecinos a ir matando poco a poco los árboles. "Cuando un árbol le molesta a alguien, como no lo pueden sacar, le hacen de todo: lo queman, le tiran gasoil y hasta agua hervida", contó.

La presidenta de la Sociedad Amigos del Árbol señaló que les prenden fuego por dentro y luego les colocan una chapa para que no se note la destrucción o les hacen un anillo en la corteza del árbol o los pintan de blanco. De ese modo, se van muriendo lentamente porque se afecta la sabia que corre entre el tronco y su corteza.

La Organización Mundial de la Salud recomienda 14 metros cuadrados de espacios verdes por habitante. Según el relevamiento, el área central de San Miguel de Tucumán sólo cuenta con un 4,11%, mientras que en la zona norte, que va desde la avenida Sarmiento hasta el Canal Norte y desde la avenida Mitre hasta la Circunvalación, casi el 50 % está cubierto por plazas, árboles y platabandas anchas con césped. En promedio, en toda la ciudad la superficie de espacios verdes per capita ronda entre los seis y los nueve metros cuadrados, dependiendo del sector.

Sería importante que con el asesoramiento del Instituto Lillo y la Facultad de Agronomía, se diseñara un plan de forestación que contemplara la conveniencia de plantar en los distintos sectores especies tradicionales como el palo borracho, la tipa, el tarco, el lapacho, el roble, el eucalipto o el pacará. Por otro lado, se debería volver a enseñar en las escuelas los beneficios que nos brindan los árboles y la necesidad de cuidarlos. Sería bueno que los tucumanos retribuyéramos la amistad de este noble planta. "Si supiera que el mundo se acaba mañana, yo, hoy todavía, plantaría un árbol", dijo Martin Luther King.